La noción de creación aparece en la Biblia por primera vez, pero es
también de índole filosófica y, por lo tanto, racionalmente demostrable. Todo
en el cosmos puede quizá explicarse por leyes científicas, excepto esas mismas
leyes y la realidad misma del cosmos: saber cómo funciona no es lo mismo que
saber por qué existe. Preguntar por la causa de la existencia es preguntar por
una causa que no se identifica con ninguna realidad finita, porque todo lo
finito ha recibido el ser.
Por sorprendente que parezca, el mundo no tiene en sí mismo la explicación
última de su existencia. Cada uno de los fenómenos cósmicos puede quizá
explicarse por una ley científica que lo remite a fenómenos anteriores, pero
así no se explica el porqué de su realidad misma, la causa última que da cuenta
de su ser. Éste es un claro ejemplo de la distinción entre explicación
científica y explicación filosófica.
La noción filosófica de creación afirma que la realidad ha sido
producida ex nihilo, de la nada, sin partir de ninguna materia previa. Crear no
es transformar algo preexistente sino producir radicalmente, lograr una
absoluta innovación, un rendimiento puro. La evolución, en cambio, es una
hipótesis científica que intenta explicar los mecanismos de cambio de los
organismos biológicos. Por tanto, se ocupa del cambio de ciertos seres, no de
la causa del ser de esos seres. De esta forma se ve claro que la creación y la
evolución no pueden entrar en conflicto, porque se mueven en dos planos
diferentes.
Sin embargo, hay conflicto. Y, además, provocado por ambas partes. Por
parte del evolucionismo, cuando traspasa los límites de la ciencia y afirma que
todo es materia y, en consecuencia,
sólo la materia puede dar cuanta de sí y de sus propias transformaciones. Por
parte del creacionismo, cuando afirma que todo
cambio equivale a una nueva acción creadora de la Causa primera; cuando no
aprecia que la materia es esencialmente cambiante, de manera que la creación de
cosas materiales no sólo no excluye la mutación de esas cosas sino que la
exige, pues es una creación evolutiva.
La causalidad divina no es una causa más entre las otras: parece
necesaria para dar razón del ser mismo
de los vivientes y la existencia de sus leyes. Por eso, no sustituye a las
causas naturales que la Biología estudia, ni se opone a ellas. Una certera
comparación de Ernst Jünguer aclara este punto: “La teoría de Darwin no plantea
ningún problema teológico. La evolución transcurre en el tiempo; la creación,
por el contrario, es su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se
proporciona también la evolución: se extiende la alfombra y ésta echa a rodar
con sus dibujos".
Esta misma idea la expresó San Agustín, de forma incomparable, hace
1.600 años: "Las simientes de los vegetales y de los animales son
visibles, pero hay otras simientes invisibles y misteriosas mediante las
cuales, por mandato del Creador, el agua produjo los primeros peces y las
primeras aves, y la tierra los primeros brotes y animales, según su especie.
Sin duda alguna, todas las cosas que vemos ya estaban previstas
originariamente, pero para salir a la luz se tuvo que producir una ocasión
favorable. Igual que las madres embarazadas, el mundo está fecundado por las
causas de los seres. Pero estas causas no han sido creadas por el mundo sino
por el Ser Supremo, sin el cual nada nace y nada muere".
Aunque son minoría, entre los evolucionistas más prestigiosos hay creacionistas como Francisco Ayala, capaces de exponer su punto de vista integrador con esta claridad: "Que una persona sea una criatura divina no es incompatible con el hecho de haber sido concebida en el seno de su madre y mantenerse y crecer por medio de alimentos. La evolución también puede ser considerada como un proceso natural a través del cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan”.
Aunque son minoría, entre los evolucionistas más prestigiosos hay creacionistas como Francisco Ayala, capaces de exponer su punto de vista integrador con esta claridad: "Que una persona sea una criatura divina no es incompatible con el hecho de haber sido concebida en el seno de su madre y mantenerse y crecer por medio de alimentos. La evolución también puede ser considerada como un proceso natural a través del cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan”.


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